31 de agosto de 2010

DERECHOS IMPRESCRIPTIBLES DEL LECTOR

1. El derecho a no leer.
2. El derecho a saltarnos las páginas.
3. El derecho a no terminar un libro.
4. El derecho a releer.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).
7. El derecho a leer en cualquier sitio.
8. El derecho a hojear.
9. El derecho a leer en voz alta.
10. El derecho a callarnos.

Daniel Pennac
(Escritor Francés nacido en Casablanca, Marruecos, en 1944)

27 de agosto de 2010

Gaucho matero





Ilustración que me encargaron para la página web de una ONG uruguaya que tenía su propia radio.

5 de agosto de 2010

Chau papá, hola papá...

Alguien me dijo que acababa de encontrarla en la web y recién la había leído. Es la biografía de mi viejo que escribí para el libro homenaje que publicó La Voz del Interior, titulado Peatonales (2004). Se me ocurró colgarla del blog...


Un viaje de vuelta

Carlos Ortiz nació el 29 de julio de 1946. De segundo nombre le pusieron Raúl. Se crió en un hogar humilde pero tranquilo de San Vicente junto a su hermano mayor, Alberto, su mamá, Yolanda, y su papá Joaquín, que trabajaba en el ferrocarril. Dibujó desde pequeño, y lo primero que aprendió lo aprendió por su cuenta. Al principio copiaba lo que veía en las películas y la enorme cantidad de historietas que leía semanalmente. Su otra actividad predilecta era el fútbol. Aunque le gustaba hacer goles, se quedaba en el área chica garabateando con un palo en la tierra y así se convirtió, de grande, en un defensor más o menos avezado. Con el tiempo también se anotó en un curso por correspondencia. Para ese entonces ya se ganaba la vida haciendo dibujo publicitario, una actividad que la muerte de su padre (cuando tenía 14 años) lo empujó a ejercer tempranamente.
Como humorista gráfico se inició a los 22 años, prácticamente por casualidad. En 1972, un amigo encontró en un cajón de oficina uno de los chistes que hacía para matar el tiempo y, sin pedir permiso, se lo acercó al director de una revista dedicada al género. El responsable de esa revista, Alberto Cognigni, publicó el chiste sin firma ni aclaración, pero le ofreció a Ortiz trabajar permanentemente en ella.

Ortiz perdonó a su amigo del cajón y ejerció por un breve lapso como publicista y humorista en la célebre Hortensia, hasta que se dio cuenta que el segundo oficio le agrada más y le era más redituable, y simplificó sus dos profesiones en una. Dibujó y dibujó, primero en la Hortensia de Cognigni y después en diarios como Córdoba, Tiempo de Córdoba, y revistas como Satiricón, Siete Días, Tía Vicenta, Gente, El Gráfico, Humor y Sex Humor. Esto hasta que en 1983 el periódico La Voz del Interior, que lo contrató, se convirtió en su segundo hogar.

Atrás habían quedado los años de la dictadura, que incluso le costaron un corto periodo de encierro en las dependencias de la tristemente célebre D2, por el contenido ideológico de sus chistes. En La Voz del Interior consolidó su estilo y el modelo que luego lo identificaron. Un recuadro cotidiano (El Tema), de trazos simples, inclinado a reflexionar irónicamente sobre un tema político o económico. Cada domingo, además, una estampa de la semana (Peatonales) asentada en uno de los sitios tradicionales de la ciudad de Córdoba, su conocido paseo céntrico.

En La Voz del Interior, Ortiz retomó también un personaje de tira que había creado para Tiempo de Córdoba. Se trataba de un típico hincha autóctono de fútbol que opinaba sobre todos los deportes, con inexplicable seguridad y voluntaria demagogia, porque "quería hacerse famoso" a toda costa. Ortiz lo bautizó "Zazá" y lo hizo hablar con zeta porque, cuando tuvo que inventarlo, se acordó de un compañero de primera, un flaco seseoso muy pícaro, que se la pasaba haciendo bromas. Así estuvo, Ortiz, varios años. Haciendo aquello para lo que creía haber nacido porque, decía, debía haber nacido para eso si haciéndolo se sentía tan feliz.

Al último le picó el bicho de la fotografía y no lo espantó. El bicho lo acompañaba en otra de sus pasiones, que era viajar con su esposa Beatriz y llamar a sus hijos Diego y Ramiro para "saludarlos" por teléfono en el "idioma" de aquella provincia o país donde se encontrara. El 27 de febrero de 2000 murió o viajó a un territorio en cuya lengua nos hace acordar cada día que siempre está volviendo.