Una noche, mi tío que estaba con insomnio, escuchó un ruido en el patio de su casa.
-Hummm… debe ser mi imaginación - se dijo. A veces, cuando las personas estamos por dormirnos, algunas imágenes y sonidos de los sueños se intercalan con la realidad. Por un breve periodo, no estamos ni en un lugar ni en otro.
Pensando que se trataba de eso, apagó el televisor con el control remoto, reagrupó la almohada debajo de su cabeza, y giró dos o tres veces sobre la cama buscando una posición más cómoda. La última acción fue doblar el torso y estirar una pierna por encima de la otra, hacia uno de los costados, para hacer sonar los huesos de su espalda. Esto lo liberaba de tensiones y lo preparaba para una mejor relajación.
-Estoy casi dormido - murmuró para sí mi tío, mientras volvía a cerrar los ojos en la oscuridad-. Ahora dejo que la modorra me alcance. Es tarde y mañana tengo que levantarme temprano.
Antes de entornar los párpados, miró en dirección a la ventana. Estaba abierta de par en par y a través de ella entraba una brisa refrescante.
Habrán pasado dos o tres minutos cuando el ruido se repitió y esta vez, mi tío lo distinguió claramente. Fueron varios sonidos consecutivos. El primero, parecido al que hacen los sopletes. Intenso, luego no tanto, luego otra vez con la misma vehemencia del principio. A continuación, otro, similar al de los extinguidores cuando los accionan para apagar un incendio. Por último, un tercer sonido, familiar con el que producen los electrodos que tocan un metal para soldarlo.
(Continúa...)
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